| Tipo de arma | Gran espada |
| Rareza | ★★★★★★ |
“Un soldado que disfruta forjar armas es considerado un amante elegante de su oficio. Obligar a un herrero, que no tenía mente para los conflictos, a blandir una espada se considera un error. Un error del tiempo, o del destino”.
Siempre que mi viejo mentor decía esas palabras, se quedaba mirando el plano de diseño incompleto de la gran espada. Sabía que volvía a extrañar a mi hermano mayor.
Mi mentor y mis compañeros mayores pasaron siete años trabajando en el plano. En esos siete años, los toques de escarcha que adornaban las patillas de mi mentor crecieron hasta que su cabello se volvió gris. Mi hermano mayor, antes orgulloso y ambicioso, se volvió taciturno. Solo mi hermana mayor siguió sonriendo, como la primavera con su brisa tibia. El cronograma original solo requería que nuestro hermano mayor diseñara la guarda transversal, y podríamos enviar el plano del prototipo para su revisión. Estábamos seguros de que sería ejemplar.
Pero ese día nunca llegó. Ni siquiera después de que sus nombres fueran eliminados de las listas de los Espadachines de Hongshan.
Era otoño. Mi hermano y mi hermana mayores fueron desplegados al frente como técnicos para supervisar la entrega de un almacenaje de armas y equipamiento. Era un camino traicionero y mi hermano mayor nunca quiso ir. Su verdadera pasión estaba en la herrería, la forja y el mecanizado, y le encantaba ver lingotes de metal al rojo vivo, escuchar el sonido del martilleo y los zumbidos agudos de los tornos giratorios. Nunca tuvo talento para blandir el arma terminada contra el enemigo. De hecho, nadie lo vio jamás empuñar un arma de verdad.
Pero como mi hermana mayor estuvo de acuerdo, dejó de lado el plano incompleto y viajó al norte con ella. El viaje fue largo. Mi hermano mayor regresó, solo, cuando Hongshan se cubrió de nieve. En cuanto a mi hermana mayor... le dieron descanso eterno en el profundo desfiladero de los Aggeloi.
Desde su regreso, mi hermano mayor no dejaba de describir un sueño que seguía teniendo. Quedó atrapado en un estrecho sendero de la montaña donde los vientos cortaban como navajas, y un Aggelos hundió su cuerno en el pecho de mi hermana mayor. Las hojas estaban esparcidas a su alrededor, y aun así ni siquiera pudo tomar una de ellas para proteger a su compañera.
Nunca se decidió a terminar el diseño del prototipo. En cuestión de meses, abandonó la Agencia de Espadachines sin decir una palabra.
Intentamos buscarlo. Mi mentor, en especial. Persiguió rumores y supuestos avistamientos, pero resultaron ser falsos. La enfermedad se apoderó del anciano y nunca volvió a encontrar fuerzas para viajar. Al exhalar su último aliento, su mano marchita se aferró al plano inconcluso que claramente llevaba los dibujos y escritos de tres forjadores de espadas. La guarda permaneció en blanco.
Después de que mi mentor falleció, seguimos recibiendo informes sobre mi hermano mayor. Alguien afirmó haber visto en La Fantoma a un cantinero con un gran parecido, uno que se emborrachaba de forma repugnante cuando se hacía tarde, uno al que terminaban despidiendo de todos los bares de la ciudad. Otro avistamiento describía a un peleador inepto en la Glorieta asfaltada, al que un oponente impaciente arrojó fuera del ring. También hubo descripciones de un vagabundo desaliñado acostado sobre las vías de Triglava, con suciedad bajo las uñas. Los obreros Durin intentaron moverlo y vieron un nudo rojo yanés en su ropa...
Por fortuna, ninguno de ellos era realmente él.
Porque mi hermano mayor regresó durante un atardecer en el que los arces rojos estaban soltando sus hojas.
Lo identificamos por su ropa harapienta, pues había quedado horriblemente demacrado, con el rostro hundido y los ojos apagados hasta que enfocaba la mirada, momento en que esta se volvía afilada como hojas de cincel. Regresó del frente norte. Luchó durante años, pero no se convirtió en un guerrero poderoso como había esperado. En cambio, se convirtió en un soldado raso común consumido por el dolor crónico. Después de regresar a la Agencia, exigió un taller y el viejo plano. Lo encontramos cubierto de polvo y se lo entregamos.
Sus primeros trazos eran torpes e incómodos de ver. Era evidente que las viejas heridas sufridas a lo largo de los años habían sanado mal y hacían que su mano con la que escribía temblara de forma torpe. Tuve que sostenerle el codo y el brazo para que pudiera volver a escribir y dibujar con normalidad, aunque era extremadamente agotador y pronto quedó empapado en sudor. Aun así, no se detuvo y siguió trabajando como si ese día fuera el último de su vida. Dibujó y escribió durante toda la noche sin tomar un solo descanso.
Pasaron diez días y el espacio en blanco del plano finalmente quedó lleno y completado. Un año después, esa gran espada entró en producción masiva. Un arma de 5 pies con 1 pulgada de largo, con un ancho de poco más de 8 pulgadas, un peso de 79 catties y una salida lo suficientemente potente como para hacer pedazos a un Aggelos. Fue elogiada como uno de los productos más exitosos lanzados por la Agencia de Espadachines en los últimos diez años.
Mi hermano mayor no aceptó ningún reconocimiento por ello, pues inmediatamente volvió a dirigirse al norte después de completar el diseño y nunca regresó. Con el tiempo recibimos una orden de compra de la Orden del juramento de acero con la letra familiar de mi hermano mayor: una orden para esa gran espada cuyo diseño él completó. Más tarde, cayó en esa batalla, la misma sobre la que todos leyeron en la historia.
Boletos de oro ×2,200
Molde de fundición ×5
Kalkonix ×3
Auronix ×5
Molde de fundición pesado ×20
Umbrónix ×5
Fluido de Ajuste de Cuadrante ×16
Igneosita ×8
Esencias