| Tipo de arma | Espada |
| Rareza | ★★★★★ |
Comenzaba el otoño y ya caía la nieve en el Norte de Talos-II. Bajo cielos grises y pesados, caían los copos mientras vientos helados soplaba con fuerza por las llanuras, sin que la hierba seca pudiera detener su paso al colarse en un viejo puesto de observación lleno de goteras... Allí los vientos perdían un poco de fuerza con una fogata antes de detenerse en la mejilla de un joven.
“¡ACHÚ!”
El estornudo no frenó la velocidad del joven Perro para devorar dos rebanadas de pan y un estofado de carne. Hasta lamería el plato si pudiera.
“Oh... Muchas gracias por esto...”
“De nada. El frío nos trajo a esta fogata. Ahora somos amigos”.
El “chef” Forte, sonriente, se sentó junto a la fogata y lo miró. Parecía de unos treinta años.
“Entonces, amigo, ¿por qué aventurarte al Norte solo?”
“¡Estoy intentando visitar a los maestros de las artes de combate y completar mi Catálogo de guerreros bajo los cielos! Oh, es solo un libro con las historias de cada guerrero... Tenemos a una maestra legendaria llamada Chen Chichi de Hongshan, pero nadie supo adónde se fue. Pensé que podía visitar el Norte y averiguarlo... Pero para mi mala fortuna, fueron los Aggeloi los que me persiguieron hasta aquí. Rayos, apuesto a que pronto tendremos otra Caída del Ankhor”.
El Forte se sirvió un cucharón del estofado.
“Esa la conozco. Quedó huérfana desde joven y admitida en el Salón Tanjian, donde fue la peor discípula de su generación. Pero tras hacer sus recorridos de Jianghu, se volvió una leyenda entre los suyos y una aclamada maestra de Arte de la espada... Incluso formó una familia feliz. El esposo es todo un maestro en el arte del salto. También tienen una hija. Se llama Chen Qianyu, creo”.
“Qué detallado. ¿También eres espadachín?”
“Aprendí unos cuantos movimientos de Arte de la espada en las tierras salvajes con una Buscadora de canciones.”
“Entonces, ¿qué piensas de la Maestra Chen Chichi?”
“Es una imponente montaña.”
“Sí... Es el sueño de todo Espadachín. Dicen que su arte de la espada está impregnada de un estado de libertad sin ataduras. Es más que ser más veloz que un cometa. Quienes vieron su espada cantar por los cielos podían sentir los “cielos y la tierra” mismos. Se sentía como si todo en este mundo, desde las cumbres más altas hasta los mares más profundos, hubiera alcanzado la unidad con su hoja. Su espada es ligera y elegante. Es como una partícula de polvo y una ráfaga de viento. Golpea con una fuerza contenida en toda existencia... Apenas puedo imaginar algo que resista su hoja. Ni siquiera los Aggelos...”
“Ankhor.”
“Cierto. Su espada probablemente pueda partir en dos a los Ankhor más grandes...”
“Digo que tenemos una Caída del Ankhor.”
El joven Perro saltó de inmediato sin alzar la cabeza, brincó la fogata y salió directo al exterior.
“No puedes correr más rápido que un Ankhor.”
“Bueno, al menos no me aplastará. Probaré mi suerte corriendo más rápido que sus crías Aggeloides.”
“Jajaja. Ese sí sería un buen reto. Perdimos esa carrera hace años.”
El Forte salió con calma y despacio.
“Cuando era chico, pastoreaba bestiaganado de una Buscadora de canciones. Nos rodearon los Aggeloi cuando una espadachina desenvainó su hoja de hierro y desató un tajo carmesí que pulverizó a los bichos de roca. Luego un maestro de Arte del salto me tomó en brazos y me ayudó a escapar del cerco... Pasé años viajando y haciendo más de una visita a Hongshan, pero mi búsqueda fue en vano. Solo tengo respeto por esa pareja...”
Entonces el Forte desenvainó dos espadas de las fundas en su costado.
“Puede que no alcance su maestría, pero ese es mi objetivo. Pasé años puliendo mi Arte de la espada y logré replicar una fracción de aquel tajo abrumador que presencié. Este es un día propicio. Que seas testigo de mi logro.”
El Ankhor golpeó el suelo y convirtió su antiguo refugio en un montón de escombros.
Lo que siguió fue un destello de ráfagas de acero.