Rossi

Rossi

Físico Guardia Espada
Rareza★★★★★★
Atributo principalAGI
Tipo de armaEspada
CV(Inglés) Giada Sabellico
CV(Japonés) Hidaka Rina
CV(Coreano) Lee Joo-eun
CV(Chino) Misty

Etiquetas de combate

LevantarCríticoCau. de dañ.

Rasgos

Análisis situacional: Diplomática del Clan
Poder olfatear una estafa es un talento peligroso para una niña.
Sabiduría callejera: Mediadora de conflictos
Rossi está cansada de las interminables discusiones. Así que dominó el arte de hacer callar a ambas partes.
Deportes: Juego de la cacería
Rastrear a una presa es un proceso largo, pero Rossi es muy paciente. No hay necesidad de apresurarse, pues estamos cerca del rastro de sangre.
Naturaleza: Fantasías de heroísmo
Se eligieron una piedra rara y un cincel afilado. Ahora, ¿a quién debería parecerse esta figura?

Ascensión

Equipamiento I
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T-Creds ×1,600 T-Creds ★★★★ TC para abreviar. Esta divisa es reconocida y utilizada en muchos lugares.
Equipamiento II
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Equipamiento III
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Archivos del operador

INFORMACIÓN BÁSICA
NOMBRE CLAVE: Rossi
GÉNERO: Femenino
AUTENTICACIÓN: La manada
Fecha de nacimiento: 10 de marzo
RAZA: Lupo
[ESTADO DE INFECCIÓN POR ORIPATÍA]
Oripatía positiva (infectada), según informes de exámenes médicos.

[EXAMEN FÍSICO INTEGRAL]
FUERZA FISIOLÓGICA: Estándar
HABILIDAD DE COMBATE: Estándar
PERICIA TÁCTICA: Excelente
ASIMILACIÓN DE ARTES DE ORIGINIO: Excelente
RESUMEN DE RECURSOS HUMANOS
La operadora Rossi, de nombre completo Rossina Wulfperl Luppino, es miembro de un clan Rompesuelos conocido como La manada. Como una de las representantes del clan, ha establecido una alianza de cooperación con Endfield Industries. Rossi ahora presta servicio en la División de Tecnología Especializada.

Dada la condición particular del operador Wulfgard, todos los asuntos de colaboración entre Endfield Industries y La manada están, en la práctica, enfocados en la operadora Rossi.
Rossi no reside de forma permanente a bordo de la Dijiang. Pasa la mayor parte de su tiempo con La manada y atendiendo asuntos de La manada. Sin embargo, localizarla es mucho menos complicado que encontrar a Wulfgard. También es bastante receptiva a participar en algunos programas de entrenamiento de Endfield Industries. Las evaluaciones de Lil' Dodge indican: “Astucia táctica excepcionalmente alta. Posee un considerable carisma de liderazgo y talento para el mando en el campo de batalla”.
La operadora Rossi se alinea más con la percepción pública de cómo debe ser un miembro de La manada: devota de la familia, apegada al Código y respetuosa de sus mayores. En su primer día a bordo de la Dijiang, visitó a casi todos los jefes de departamento, así como a operadores de notable renombre. Su actitud educada y consciente dejó una fuerte impresión en muchos.
Sin embargo, si la enfrentaras en combate, verías un lado totalmente distinto de Rossi: afilada como una navaja y completamente despiadada.
— Martin Marvin Malen, asistente, División de RR. HH., Endfield Industries
ARCHIVO 1
Notas de observación de Rossi
Nonno Rozzan
Nonno Rozzan siempre camina en completo silencio. Davvero strano... es tan alto, y aun así sus pasos son tan ligeros como si caminara sobre una alfombra gruesa. Casi nunca lo he visto equivocarse. No importa dónde me esconda, siempre me encuentra.
Cada vez que veo a Nonno Rozzan manejar su arma, siento que el tiempo simplemente... si ferma. Hasta el sonido de la respiración desaparece. No sé cuánto tiempo pasa antes de que por fin la baje. Nunca lo he visto realmente jalar el gatillo. Solo limpia el cañón con un trapo, lo devuelve a su estuche, y ahí termina el entrenamiento. He intentado imitarlo algunas veces, pero... No puedo mantener la postura ni de cerca tanto como él.
...
Catello
Catello siempre anda con prisa. En serio, ¿en qué está tan ocupado? Y sus métodos de entrenamiento... desesperantemente simples. Ejercicios de fuerza absurdamente aburridos combinados con unas cuantas series de práctica de tiro a blancos móviles, o directo a ejercicios de combate real... Così noioso. No hay absolutamente nada que valga la pena aprender de eso. ¡Me lo salto!
...
Sorella Arclight
Sorella Arclight puede moverse por paredes de acantilados empinados con muchísima rapidez. ¿Será solo cuestión de velocidad pura? Se lo pregunté y dijo que requiere algo de Artes... También medita durante su entrenamiento. Dice que eso le ayuda a despejar la mente de distracciones. Ugh... Quedarme completamente inmóvil tanto tiempo es demasiado difícil para mí.
...
Endministrator
El Endmin siempre se ajusta al ritmo de los demás compañeros para que todos puedan seguirle el paso. ¡Totalmente distinto a Catello! Y el entrenamiento del Endmin es principalmente manipular el Originio y convertir las rocas en armas afiladísimas. ¿Cómo puede alguien hacer eso? Supongo que es algo que solo el Endmin puede hacer. No tiene caso intentar aprenderlo...
ARCHIVO 2
¿Mayoría de edad? Dentro de La manada, el rito de iniciación de cada quien es distinto. Para algunos, es completar una cacería en solitario. Para otros, es cerrar un trato comercial complejo.
La manada no parece preocupada de que estos jóvenes lo arruinen. Con toda confianza asignan asuntos críticos como pruebas a los lobos jóvenes; una práctica que le parecería completamente absurda a cualquiera fuera de La manada.
En cuanto a Rossina... ¿Cacerías y tratos? Ya había logrado eso a una edad todavía más temprana. Para ella, era cosa de todos los días.
Así que La manada le organizó una prueba especial.
Dejaron a Rossina en un pueblo abandonado, con solo cinco bandidos desdichados como compañía. Eran hombres desesperados: cada uno ya vigilaba los pocos medios de supervivencia que les quedaban a los otros, esperando la oportunidad de apuñalarse por la espalda.
Los cinco se contenían entre sí; ninguno se atrevía a dar el primer paso. Pero... si ese equilibrio tan frágil se rompía...
La primera tarea de Rossina era simplemente sobrevivir a los bandidos. Eso no era suficiente por sí solo. También eran frecuentes los ataques de bestias. A veces un depredador solitario, a veces un grupo entero.
Los Lobos mayores la dejaron ahí y se fueron sin pensarlo dos veces. Parecían no preocuparse por si podría sobrevivir en un entorno así.
Cuando regresaron al pueblo dos semanas después, la escena que los recibió los dejó atónitos.
Habían levantado una cerca alrededor del pueblo. Los cinco bandidos y Rossina se turnaban la vigilancia, atentos a los ataques de bestias. En los días sin incursiones, algunos de los cinco salían a cazar y otros juntaban agua fresca. De hecho, se habían convertido en un equipo de verdad, funcional.
Antes, esos hombres se veían entre sí con desconfianza constante. Nadie sabe cómo logró Rossina que siguieran su liderazgo. En sus propias palabras, solo “les hizo entender que era la única forma de sobrevivir”.
También vale la pena mencionar que Catello pasó por la misma prueba. Bueno... Pasó unos días matando a todas las bestias cercanas, dejó comida suficiente y luego se escabulló sin que nadie se diera cuenta. Solo regresó al final de la prueba.
— Transcripción de entrevista con un asociado de La manada, Marco Wulfhowl Luppino
ARCHIVO 3
“¿La manada mandó a una cachorrita a hablar? ¿O qué, el viejo Rozzan y su gente ya estiraron la pata?”
Rossi volteó a ver a Erik, que se carcajeaba junto con su banda, y al instante perdió cualquier interés que pudiera haber tenido en el líder conocido famosamente como el “Cañón de las Tierras Salvajes”.
Esta era la primera vez que Rossi manejaba los... “negocios” del clan. Una semana antes, Erik había interceptado un convoy mercante con destino a la familia Luppino. Por respeto al nombre de La manada, no se atrevieron a tocar a los mensajeros, pero una parte considerable de los bienes destinados al retorno desapareció. Como Catello no estaba en La manada en ese momento, Rossi se ofreció voluntaria, ansiosa por demostrar de qué estaba hecha con este “trato” en particular.
Pero en ese momento, Rossi empezaba a arrepentirse de su decisión. Este viaje era todavía menos interesante que una cacería en territorio propio. El supuesto “Cañón de las Tierras Salvajes” retorcía su cuerpo voluminoso e inflado mientras golpeaba la mesa con la mano. Desde que ella entró, no había hecho más que intentar provocarla.
La verdadera fuerza es contenida, inquebrantable, nunca muestra una grieta. Esa era una lección que Rossi había aprendido dentro de La manada. Nadie, ni siquiera Rozzan o los Lobos mayores, presumía de forma tan burda su violencia.
“Nonno Rozzan me dijo que esto es ‘negocios’. Desde donde lo veo, en todo trato hay un lado que gana, y otro que pierde”.
La mirada de Rossi recorrió la tienda. El olor a pólvora le llegó a la nariz, y ubicó el lugar donde la otra parte había colocado los explosivos. La cantidad era pequeña. Claramente, matarla no era el objetivo. Un lobo vivo les parecía mucho más útil.
“A La manada no le molesta dejar que nuestros amigos de negocios se mojen un poquito el hocico. Por desgracia, todavía no paso mi rito de iniciación, así que no soy una verdadera miembro de La manada. Y yo solo quiero ganancias. No acepto pérdidas”.
“Parece que La manada no piensa sentarse a arreglar esto como se debe, ¿eh?”
Un destello pasó por los ojos de Erik. Los bandidos a su alrededor se pusieron serios; algunos ya tenían la mano sobre sus armas.
Dos espadachines, dos hacheros y, probablemente, varios hechiceros al acecho fuera de la tienda. A juzgar por su posición, sería difícil eliminarlos rápidamente. Así que...
Tras evaluar la situación, Rossi jugueteó con un tenedor sobre la mesa, esperando el momento oportuno.
“Escuchen. Desde el primer día que pisé este lugar contaminado, alguien no ha dejado de taladrarme los oídos. No puedo hacer esto. No puedo matar aquello. Debo seguir las reglas — el Código de La manada”.
La irritación de Erik creció. Miró fijamente a la chica que había venido sola. Todos estos preparativos eran para Rozzan de La manada. Pero el viejo mandó en su lugar a una mocosa insolente... Erik se sintió insultado.
“¿El Código? ¡Lo escriben los que son más grandes y tienen más poder!”
Erik alzó su cañón. La manada valoraba a los suyos. Tomar a esta chica como rehén podría ser mucho más útil para ellos.
En un instante, un tenedor salió disparado hacia Erik. Rossi se levantó de golpe y de pronto desapareció. Erik apartó el utensilio y levantó su arma para apuntar.
“Compórtate y quédate quieto”.
Una daga se le clavó contra la nuca.
Los bandidos a su alrededor por fin desenfundaron, pero ya era tarde.
.“¡ALTO! ¡NO SE ACERQUEN!” Erik gritó, sintiendo un pinchazo helado en la nuca.
“¿Contabas con que esos hechiceros en la entrada te salvaran? Pero qué raro... está demasiado silencioso. Parece que mi clan lo resolvió aún más rápido que yo. ¿Qué estabas diciendo? Ah, sí... el Código...”
La punta helada de la hoja pareció acercarse un poco más.
“¿Entiendes qué es el Código de La manada?” Rossi enfundó su daga.
Erik se dio la vuelta, furioso. ¿Todos sus planes cuidadosamente elaborados, arruinados por una niña como esta? “Le di la mercancía a los Rompehuesos. ¡Intenta recuperarla si tienes el valor! ¡Cuando te hagan pedazos, entonces yo voy a escribir un nuevo Código para este territorio!”
“¿Qué dijiste?”
De la chica frente a él emanó una intención asesina que nunca antes había sentido.
Erik no sabía el precio de mencionar a los Rompehuesos frente a esta chica, pero estaba a punto de aprenderlo. Y muy pronto.

Al ver la tienda destrozada, Rossi no pudo evitar suspirar.
“Los negocios son un verdadero fastidio”.
ARCHIVO 4
Sonaron tres tañidos de campana. Uno por uno, los presentes se quitaron el sombrero y se acercaron para colocar flores frescas en el frío ataúd.
Algunos lloraron en silencio; otros inclinaron la cabeza sin decir palabra. Rozzan recorrió el lugar con la mirada, pero no vio por ningún lado esa figura carmesí tan conocida.
El último de los Lobos mayores que sobrevivió al incidente yacía en el féretro. Pasó el resto de sus días con dolor. Aunque la bruma de los Rompehuesos le destrozó los órganos y sus hojas le atravesaron las extremidades, el Lobo anciano se aferró con fuerza a la cachorrita envuelta... hasta que la puso en brazos de otro chico...
“Todavía no está aquí...”
Esas palabras llegaron a Rozzan. Asintió lentamente, y en silencio dejó el resto de la ceremonia en manos de otro anciano.
Sabía dónde encontrarla. Cada vez que se alteraba, se perdía en los campos de entrenamiento y se quedaba ahí hasta altas horas de la noche.
Rozzan observó a la chica en silencio. Ella también lo notó, pero ninguno dijo nada. Con un último y feroz empuje, clavó su espada en el muñeco de entrenamiento y se desplomó en el suelo. Nadie sabía cuánto tiempo llevaba exigiéndose así.
“Ya se fue”.
Rozzan se acercó a Rossi, que jadeaba en el suelo, con una voz tranquila y plana.
“Lo sé... Lo sé...”.
Rossi se bajó la capucha sobre los ojos, pero la voz le temblaba sin control. Desde que tuvo edad para entender, visitaba al Viejo Lobo herido todas las semanas para que viera que ella estaba creciendo fuerte y bien. Para ella, él era el último hilo vivo que la conectaba con esas almas perdidas.
“Debiste estar ahí. Él te habría querido ahí”.
“Pero... fue por mi culpa... Él lo hizo todo por...”
“Rozzan la levantó y se la echó al hombro antes de que terminara, cargándola hacia el patio donde se celebraba el funeral.
“No puedo verlo de frente... fue toda mi culpa... No quiero...”.
Rossi se revolvió y mordió el hombro de Rozzan. Sus uñas le rasparon la piel, sus dientes se le hundieron en el brazo. La expresión de Rozzan no cambió. Solo siguió caminando hacia el funeral.
Pronto, a Rossi se le acabó la fuerza. Se desplomó sobre la espalda de Rozzan, con los brazos colgando inertes.
“No me convertí en la loba en la que La manada pudiera confiar...”.
Rossi murmuró, sin saber si le hablaba a Rozzan o a alguien que ya no estaba.
“Nunca aprendí a sostenerme por mí misma. No pude liderar a nadie. No he hecho ni una sola cosa bien... No merecía su sacrificio...”.
Rozzan se detuvo. El patio ya estaba vacío, salvo por las cenizas de las ofrendas quemadas y un ataúd solitario. Adentro, el anciano yacía en paz, cubierto de flores.
“Cada vez que venías a verlo, él siempre me apartaba a un lado para hablar. Tal vez la edad alcanzó al lobo y nunca recordaba lo que me decía. Solo seguía contando las mismas historias una y otra vez”.
Rozzan bajó a Rossi. Apoyó una mano en el borde del ataúd, mirando a su viejo amigo.
“Siempre hablaba de los viejos tiempos, de las pocas veces que nos topamos de frente. Pero los detalles... cambiaban. Un día, el que la regó fue él; al siguiente, era yo. La misma historia se contaba distinta cada vez. Solo había una cosa que decía que nunca cambiaba”.
Rozzan estiró la mano y le revolvió el cabello a Rossi.
“Cada vez, decía que salvarte fue lo mejor que hizo en su vida”.
Rossi bajó la cabeza. Se quitó del cuello el dije pálido que el anciano le había dado y lo colocó entre las flores.
El ataúd se selló. La joven loba no volvió a llorar jamás.

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